“La Familia Sa-Fa llamada a vivir la alegría del Evangelio”

El Lema Anual 2020  para nuestra  Pcia. Nuestra Señora de la Esperanza surge a partir  del tema propuesto para el 38º Capítulo General de 2019:

“La Familia Sa-Fa llamada a vivir y compartir la alegría del Evangelio”

en sintonía con la insistencia que nos hace la Iglesia de recuperar la alegría que supone acoger la persona de Jesús y vivir el Evangelio. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús…” (Evangelii Gaudium 1).

 

PROYECTO DE VIDA DEL INSTITUTO

Valladolid, 24 de julio 2019

“La Familia Sa-Fa llamada a vivir y a compartir la alegría del Evangelio”

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría (EG 1).

La alegría del Evangelio ha iluminado los trabajos del 38º Capítulo General, en la escucha de la Palabra de Dios, la búsqueda de su santa voluntad y en un diálogo fraterno.

La palabra del ángel Gabriel a María, “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28), ha resonado repetidas veces como una palabra dirigida personalmente a cada uno de nosotros.

La exhortación apostólica Evangelii gaudium, entregada a la Iglesia por el papa Francisco el 24 de noviembre de 2013, día aniversario del nacimiento para el cielo de nuestro Padre Fundador, ha orientado nuestros trabajos capitulares. La alegría ha sido el hilo conductor de nuestro Capítulo.

Como se dice claramente en el lema del Capítulo, hemos tomado conciencia de que se trata de una alegría que tenemos que vivir, anunciar y compartir como Familia Sa-Fa.

  1. Una alegría que vivir

El papa Francisco nos recuerda que estamos entre aquéllos «que han recibido los primeros la alegría de Cristo» (EN 80; EG 10). Sí, nosotros Hermanos de la Sagrada Familia hemos sido doblemente afortunados: por haber recibido el don del Evangelio y por añadidura la gracia de ser llamados a vivir según el carisma que el Espíritu ha confiado al Hermano Gabriel Taborin, nuestro Padre Fundador. Es verdad: de la bondad de Dios hemos recibido «gracia sobre gracia» (Jn 1,16). Pero hemos reconocido al mismo tiempo que a menudo esta alegría se ve amenazada por el cansancio, por las pruebas de la vida, por el desgaste del tiempo, por nuestras faltas y nuestras fragilidades. Como en las bodas de Caná, de vez en cuando falta el vino, pero contamos siempre con su palabra y su amor incondicional.

Esta es, pues, Hermanos, nuestra primera propuesta: exultar de alegría por el amor de Dios, como Juan saltó de gozo cuando percibió la visita de Jesús, el Mesías.

Hermanos, “¡No nos dejemos robar el Evangelio!» (EG 97).

  1. Una alegría que anunciar

Esta alegría que nos ha reunido gratuitamente y que revive cada día es también la fuente de nuestra misión. No podemos «encerrar en un templo y acallar el mensaje» (EG 183) que el Espíritu Santo ha confiado al Hermano Gabriel. La alegría que llena nuestra vida es una alegría misionera (EG 21). Gracias a un proceso de discernimiento personal y comunitario que debe continuar en el Instituto, el impulso misionero ha recibido energía en nuestro Capítulo. Estamos llamados a llevar la buena noticia del Reino de Dios a todos, allí donde estamos comprometidos. Nos alegramos de que el carisma Sa-Fa se extienda a nuevos contextos culturales y acogemos la llamada del papa Francisco que nos invita a convertirlo en «un carisma en salida».

Estamos preparados para ponernos a la escucha del grito de los pobres, que es el grito que Dios mismo nos dirige, para que no seamos sordos y reconozcamos sus llagas impresas en la carne de nuestros hermanos y hermanas heridos por la vida, por la pobreza, por la injusticia, la falta de libertad, de trabajo y de esperanza. Reconocemos que es más fácil seguir haciendo lo que siempre hemos hecho y que no tenemos la audacia de abrirnos a otras formas de apostolado y de misión nuevas. Hemos decidido hacer de los jóvenes y de las familias nuestra «periferia humana» privilegiada. ‘Con ellos’ y no solamente ‘para ellos ‘ aprenderemos a leer y anunciar el Evangelio de la alegría.

Hermanos, “¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!” (EG 80).

  1. Una alegría que compartir como Familia Sa-Fa

Expresamos nuestra gratitud por haber comprobado en este Capítulo que en nuestro Instituto estamos viviendo la alegría del Evangelio no como una experiencia individual, sino como un patrimonio de familia. En todas nuestras Provincias el sentido de pertenencia y la misión compartida ha crecido. La Familia Sa-Fa es ya una realidad. Hermanos y Laicos somos destinatarios y responsables de un mismo carisma y de una misma misión. Nos hemos convencido también en este Capítulo de que somos una familia con muchos matices distintos, caracterizada por diferencias de cultura, de formación, de edad, de género, de pertenencia eclesial. Hemos experimentado que la interculturalidad nos pone a prueba, nos pide una conversión de mentalidad y nos enriquece al mismo tiempo. Recogiendo una imagen familiar del papa Francisco nos alegra que nuestro carisma no sea como una ‘esfera’, donde cada punto es equidistante del centro y donde no hay diferencia entre un punto y otro, sino un ‘poliedro’ donde cada uno es aceptado en su originalidad (EG 236) y así podemos caminar todos hacia una ‘convivencia de las diferencias’.

Hermanos, “¡No nos dejemos robar la comunidad!” (EG 92).

Hermanos, «Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Es una respuesta que cae en lo más hondo del ser humano y que puede sostenerlo y elevarlo» (EG 265). El Hermano Gabriel Taborin nos recuerda que allí donde está nuestro tesoro, allí está también nuestro corazón. El corazón de un Hermano de la Sagrada Familia está siempre bajo el humilde techo de Nazaret (NG 607), donde el evangelio de Dios, su Hijo muy amado, se ha hecho carne y ha aprendido a crecer en sabiduría, estatura y gracia con María y José.

Reconocemos que llevamos este tesoro en vasos de arcilla, pero eso es lo que estamos llamados a testimoniar: no a nosotros mismos ni nuestra perfección, sino la gracia de Dios que nos cura, nos sostiene y nos conduce. Si decidimos llevar este tesoro, el evangelio de la alegría de Nazaret, será el tesoro del Evangelio el que nos lleve a nosotros. La oración de nuestro Fundador se hará así una realidad: “Hazlos a todos dichosos y felices en esta vida y en la otra” (Testamento Espiritual).