En Nazaret Jesús vivió ya con María y José el evangelio que después anunció. El misterio de Nazaret se abre hacia la vida pública de Jesús; hacia su muerte y resurrección.

          Para el Hno. Gabriel, el nombre de la Congregación tenía un profundo significado. Recorriendo las expresiones que el Hno. Gabriel emplea hasta llegar a las de su Testamento Espiritual, podemos decir que nos encontramos ante un hombre, quizá un santo, fundador de una congregación religiosa, que ha visto en la Sagrada Familia de Nazaret el punto de inspiración fundamental de su obra. La referencia a la Sagrada Familia lo inspiró en profundidad, constituyó para él un verdadero “motivo inspirador” e inspira la espiritualidad de los Hermanos.

           Una espiritualidad es un modo de organizar toda la vida cristiana a partir de una intuición central. Esa intuición central subraya un aspecto del misterio de Cristo y algunas de las actitudes evangélicas para vivirlo con mayor profundidad. Implica una forma particular de relacionarse con Dios, con los hombres, con el mundo.

“Recuerden con alegría los Hermanos
que, bajo el techo humilde de Nazaret,
vivía la familia más santa y noble
y que de ella ha tomado la Congregación su hermoso nombre”  (N.G. 3).

           Es preciso situar el misterio de Nazaret en la historia de la salvación. De este modo, el horizonte de la espiritualidad propia se amplía hasta coincidir con el de toda vida cristiana.

           Los Hermanos consideran a la Sagrada Familia como la realización más perfecta en la tierra de la comunidad de amor que es la Santísima Trinidad.

          Una espiritualidad particular no puede excluir ninguna parte de la Palabra de Dios, pero puede proponer una lectura o interpretación de la misma que lleve a poner el acento en ciertos pasajes.

           La espiritualidad abarca la totalidad de la existencia dándole una tonalidad característica. Crea un “estilo de vida”, una “manera de ser”, da una “impronta propia” a la actividad. Se trata de mirarlo todo “con ojos nazarenos” y de vivirlo todo con “corazón nazareno”.

           La espiritualidad nazarena debe caracterizar tanto los aspectos esenciales de la vida cuanto los pequeños detalles de cada día: “En Nazaret se oraba, se trabajaba y se amaban”; del mismo modo, mediante una vida de oración, de trabajo y de unión, los Hermanos reproducirán este ideal en cada una de sus casas y en todo el Instituto.

LOS VÍNCULOS QUE NOS UNEN EN JESÚS, MARÍA Y JOSE

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